jueves, 17 de mayo de 2012

Prólogo: Cinco puñaladas



Vaya, la llave no se encontraba ahí. ¿Dónde demonios la habrían puesto? Seguramente que la había cogido Glek para entrar a limpiar. Que maniático era ese hombre, no le caía nada bien, siempre gruñendo a todo el mundo.
Yuika se dirigió a un pequeño compartimento dorado que se encontraba al lado de la entrada del consejo y posó la mano con delicadeza. La compuerta brilló un momento y se abrió sin hacer ruido alguno.
El interior del armario estaba forrado con terciopelo blanco en el que habían estampado un diseño en dorado. Dentro del pequeño espacio empotrado en la pared había un pequeño cojincito blanco, y encima de este, se encontraba posada una brillante llave de oro puro. Yuika cogió la llave con cuidado y dejó en su lugar una cadeneta de plata con unas gafas redondas, doradas y diminutas a modo de colgante. Se lo había regalado su hermano cuando se graduó en la Academia, y jamás se lo quitaba, salvo en un caso como este, ya que tenía que dejar un objeto como garantía que devolvería la llave. Le amargaba mucho tener que dejar el collar, pero obviamente no podía dejar sus gafas de verdad, no vería más allá de sus narices.
Insertó la llave en la cerradura y la puerta se abrió en silencio. Gracias a dios no tenía que atravesar una puerta electrónica: La entrada del consejo era la única que se había librado del reconocimiento de ADN por el hecho de que era demasiado valiosa y antigua, y también porque era un símbolo de la Región Dormida.
Tras firmar en el registro, entró en la Sala del Consejo, que a estas horas estaba vacía y con las luces apagadas, ya que todas las sesiones o eran por la tarde o se aplazaban para salas menos formales. El Congreso no se solía usar muy a menudo, pero últimamente había habido muchos debates entre los representantes de las dos Regiones: Drym, mundo de los sueños y Nytmer, mundo de las pesadillas. Estas trifulcas estaban llevando a pequeños conflictos entres los dos mundo e incluso había empezado a haber atentados de unos grupos extremistas, a los que llamaban Caza-Sueños. Ya habían provocado tres atentados: Dos en Nytmer, en los reinos de Loaret y Taneria y otro en Drym, en el reino de Orenia.
La chica agitó la mano y las luces del consejo se encendieron con una tenue luz dorada. Normalmente se quedaría viendo como una tonta, cómo las luces se iban encendiendo a mínimo movimiento, pero algo la dejó petrificada.
En el altar yacía una hermosa mujer de piel clara y pelo oscuro. Tenías los ojos cerrados y las facciones relajadas, apoyada sobre el Altar del Jefe de Conferencias, como si estuviera dormida, pero no era así. Todo estaba empapado de sangre y en la pared que tenía en frente Yuika vio algo que la dejó sin aliento: Un círculo dividido a la mitad con un punto a la derecha, dibujado con la sangre de la mujer. El símbolo de los Caza-Sueños
No lo pudo evitar.
Gritó.

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